Medíamos las horas en cubitos de hielo resignados a ahogarse en el mar de segundos en que se iba convirtiendo aquel lugar… enlazando pensamientos derretidos, tuve la certeza de saber que habíamos desatado un incendio que embriagaba a todo el local. Entre llamaradas permanecía estático, sin poder dejar de observar esos ojos que apenas pestañeaban, hipnotizándome del modo más dulce posible… se desde aquel momento que el tiempo se ha acostumbrado a nuestro ritmo, dándonos treguas, regalándonos momentos dignos de volver a vivir una y otra vez, y diciéndonos “hasta aquí por hoy, chicos”…
Supongo que incluso el tiempo, nuestro tiempo, también es perfectamente válido…
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