Cuando has querido darte cuenta tu corazón funcionaba a toda velocidad. Dejaste aquella parte de ti que ya no necesitabas en el último cajón de la cómoda, y mientras te colocabas esos pendientes cargados de recuerdos, un sentimiento único e irrepetible invadía tu cuerpo del modo más dulce y lento que quizás hayas imaginado. Una mezcla de emoción e incertidumbre culminó a la perfección aquel coctel de sentimientos encontrados, de un ambiente embriagador. Te prometiste no preguntarte jamás el porqué, tan solo te dedicaste a vivirlo, a disfrutarlo, a dar gracias por tanto tan de repente…
Te prometiste que cada momento vivido tendría el rango de Sueño, y que cuando se agotasen pedirías, siempre, cinco minutos más…